Baja visión

Se considera que una persona tiene baja visión cuando tiene una limitación visual que le dificulta la realización de las actividades de su vida cotidiana. Esta persona presenta una reducción importante de su agudeza visual que no mejora con la correcta refracción en gafas, lentes de contacto ni con determinados tratamientos farmacológicos o quirúrgicos. La paciente tendrá una agudeza visual que no superará el 0.30 en el mejor ojo, aún con la mejor corrección óptica, y/o presentará un campo visual inferior a los 10º desde el punto de fijación.

Esta limitación visual puede estar originada por diferentes patologías, ejemplos de ellas son la degeneración macular asociada a la edad, la retinopatía diabética, la retinosis pigmentaria, el glaucoma y la miopía magna.

Esta pérdida de visión puede derivar en problemas tanto emocionales como físicos o sociales y puede ocasionar dificultades en las actividades de la vida diaria, la autonomía personal o la movilidad.

La Rehabilitación Visual tiene como objetivo minimizar las consecuencias que produce esta discapacidad, de forma que junto con la prescripción de ayudas ópticas y no ópticas, nos ayude a obtener el máximo rendimiento visual del resto visual que posee el paciente.

Las ayudas que se pueden ofrecer a un paciente de baja visión se pueden englobar en diferentes categorías.

Así nos podemos encontrar con:

  1. Las ayudas ópticas: son un conjunto de lentes que ayudan a aumentar la imagen en la retina y sirven tanto para visión de lejos como visión cercana. Son las que proporcionan el aumento necesario según las necesidades de cada paciente. Aquí se encuentran englobados los filtros que tienen como característica principal filtrar la luz azul proporcionando mayor confort en la visión y aumentando el contraste. Además permiten controlar el deslumbramiento y ayudan en la adaptación a los cambios de iluminación.
  2. Ayudas no ópticas: permiten a las personas con estas características, realizar las tareas de forma mucho más cómoda y con menos fatiga durante su realización (uso de atriles, mesas abatibles y el uso de flexo adicional.
  3. Ayudas electrónicas: entre ellas nos podemos encontrar con la lupa televisión, bien sea de sobremesa o portátil, sistemas de ampliación video-electrónicos y lectores de televisión. Estas ayudas permiten realizar tareas durante un tiempo más prolongado que otras ayudas y son muy útiles en sujetos con pérdidas severas de campo visual.
  4. Ayudas no visuales: son dispositivos que ayudan a mejorar la autonomía del paciente sin que intervenga la visión , entre ellos destacaríamos los relojes parlantes, los glucómetros y termómetros parlantes.